El tabaquismo es la principal causa prevenible de mortalidad, responsable de más de siete millones de muertes en todo el mundo anualmente. 

Abandonar el hábito tabáquico no es fácil para la mayoría de las personas, y puede tomar varios intentos para dejar de fumar por completo, por lo que la ayuda y el apoyo debe estar disponibles. La participación del médico aumenta la probabilidad de que el paciente deje de fumar con éxito, por lo que se debe identificar de forma rutinaria a las personas que fuman productos de tabaco y ofrecerles ayuda para dejar de fumar.

El médico debe documentar el estado de tabaquismo de los pacientes y brindarles a las personas que consumen tabaco consejos claros para dejar de fumar, ofrecer y proporcionar opciones de tratamiento farmacológico y conductual, así como brindarles seguimiento en futuras visitas. 

Durante la consulta médica se debe indagar en todos los pacientes sobre el uso y la exposición al tabaco, preguntar al paciente si alguna vez fumó cigarrillos; de lo contrario, los fumadores no diarios o intermitentes pueden no identificarse como fumadores. Preguntar específicamente sobre el uso de otros productos de tabaco y nicotina (p. ej., puros, pipas, tabaco sin humo, pipas de agua y cigarrillos electrónicos), una evaluación completa incluye determinar la frecuencia de uso, los productos utilizados, el grado de dependencia de la nicotina, el historial de intentos de abandono (incluidos los métodos utilizados y su eficacia) y la disposición para dejar de consumir tabaco en este momento.

El grado de dependencia de la nicotina se puede estimar a partir de la edad de iniciación al tabaquismo, la cantidad de cigarrillos/productos de tabaco utilizados diariamente y cuánto tiempo después de despertarse el individuo tiene su primer cigarrillo/producto de tabaco por la mañana. En base a lo anterior se puede predecir la dificultad que tendrá para dejar de fumar y la intensidad del tratamiento que probablemente necesitará: Los pacientes más dependientes comenzaron a fumar temprano en la vida, fuman más cigarrillos diariamente (el número promedio es de 15 por día) y fuman dentro de los primeros 30 minutos después de despertarse.

Se debe preguntar sobre la exposición pasiva al humo (p. ej., en el hogar, el automóvil o el lugar de trabajo). Tal exposición está asociada con mayores riesgos para la salud (p. ej., enfermedad cardíaca coronaria y cáncer de pulmón) en los no fumadores.

Se identifican cinco etapas a través de las cuales los fumadores pueden progresar a medida que pasan de fumar a la abstinencia:

– Pre-contemplación (paciente no está listo para dejar de fumar)

– Contemplación (se considera un intento de dejar de fumar)

– Preparación (planificación activa de un intento de dejar de fumar)

– Acción (participación activa en un intento de dejar de fumar)

– Mantenimiento (dejar de fumar logrado)

Después de determinar la preparación del paciente para dejar de fumar, el médico puede diferenciar entre aquellos que están listos para dejar de fumar (p. ej., etapa contemplativa o más allá), para quienes está indicada la asistencia con apoyo conductual y farmacoterapia, y aquellos que aún no están listos para dejar de fumar (p. ej., etapa pre contemplativa) para quienes se necesita motivación para dejar de fumar. 

La ayuda al fumador debe proporcionar la disponibilidad para acceder a los recursos apropiados y la valoración de las experiencias previas del fumador en los intentos para dejar de fumar, los métodos que ha probado el fumador y el grado de éxito con cada uno de ellos es importante para guiar las recomendaciones para el próximo intento.

Para aquellas personas que no están preparadas para intentar dejar de fumar, el médico puede motivar para impulsar a estas personas a dejar de fumar y usar estrategias de reducción de daños, y debe iniciar la farmacoterapia incluso antes de que el paciente esté listo para dejar de fumar.

Por lo que recomendamos que los fumadores sean manejados con una combinación de apoyo conductual y terapia farmacológica. 

El proceso para dejar de fumar generalmente comienza al establecer una “fecha para dejar de fumar” dentro de las siguientes dos a cuatro semanas. Aconsejamos a los pacientes que dejen de fumar abruptamente en la fecha establecida para el abandono, pero la reducción gradual antes de la fecha de abandono es una alternativa aceptable.

Los síntomas de abstinencia alcanzan su punto máximo en los primeros tres días de dejar de fumar y disminuyen durante las próximas tres o cuatro semanas. Los síntomas incluyen aumento del apetito y aumento de peso, cambios de humor (disforia o depresión), insomnio, irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse e inquietud.

Estos síntomas pueden aliviarse con cualquiera de los medicamentos de primera línea para dejar de fumar (reemplazo de nicotina, vareniclina o bupropion). También se pueden usar enfoques conductuales, aunque la mayoría de las veces los fumadores usan farmacoterapia para aliviar los síntomas de abstinencia de la nicotina.

Según el medicamento elegido, la farmacoterapia se inicia antes o en la fecha de abandono.

Se debe ofrecer al paciente la intervención conductual más intensiva disponible, como una clínica especializada o un programa para dejar de fumar.

 El seguimiento debe programarse dentro de una a dos semanas de la fecha de abandono del hábito del paciente para brindar refuerzo, monitorear la respuesta a la terapia para dejar de fumar, optimizar el tratamiento con terapias de primera línea si es necesario y monitorear los efectos adversos o secundarios de la farmacoterapia. La visita de seguimiento puede ser una cita presencial o un contacto por teléfono.

Se debe recomendar a quienes continúan fumando que protejan a otras personas (p. ej., miembros del hogar y habitantes de apartamentos, especialmente niños y compañeros de trabajo) de la exposición al humo de segunda mano y se les debe instar a adoptar una política estricta de no fumar en sus hogares, lugares de trabajo y automóviles, especialmente si hay niños presentes.

 No recomendamos los cigarrillos electrónicos en lugar del uso de medicamentos y asesoramiento. Esto se debe a que los cigarrillos electrónicos todavía contienen nicotina y otras sustancias que pueden ser dañinas.

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